martes, 30 de noviembre de 2010

Mientras duermes...

Mientras duermes, notas que todo lo que ves es tan lúcido como la realidad. Palpas con tus manos las cosas cercanas y las que no, te quitas los zapatos de los pies para cerciorarte de lo húmedo y refrescante que es el pasto bajo estos. Caminas un poco y te das cuenta que el oleaje del mar llega hasta donde estas, arrastrándote, hundiendo tus pies sobre la arena. Andas un poco mas liberándote de la arena y en el primer paso tu zapato de color café, un tanto formal entra a un vestíbulo donde habrá una fiesta, ves gente conocida y en ese momento despiertas sobre un colchón inflable.
  El sudor frio recorre tu tenso cuello, volteas por todas partes intentando localizar un paisaje más conocido y no lo logras, sino hasta después de un rato que te lavas la cara y observas tu reflejo en un espejo sucio, recuerdas que probablemente te has quedado a dormir con una de tus amigas. Vuelves al colchón donde estabas antes y con una cobija vieja te cubres el rostro, tratando de no pensar más y dedicarte a descansar lo que queda de la noche, porque parece que aún lo es. Escuchas un ruido extraño, alguien se queja en la única habitación que tiene la puerta cerrada. Temeroso te vas incorporando despacio, como para no despertar a nadie, piensas que eres tonto porque por el tono del quejido no habría a nadie a quien despertar y te dices a ti mismo que sólo es algo de miedo. Decidido tomas delicadamente la manija de la puerta y la giras suavemente, echas una pequeña mirada y en la habitación encuentras algo que te deja pálido, tu cuerpo dormido sobre tu cama dentro de la habitación decorada como lo decidiste hace dos años en el departamento que compraste hace ya tiempo atrás, todo ha pasado mientras duermes.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Que bueno que llegaste...

Aborrezco a las mujeres de esa clase, que entran en la cama de uno y para el siguiente día andan pidiendo, después de muchas compras caras que un hombre casado se divorcie de su primera o segunda esposa, qué más da. Yo tenía conocimiento de una situación similar, mi mejor amiga había sido engañada por lo menos en trece ocasiones y que una tarde, ni siquiera había sido su marido, llegó un hombre bien vestido con el papeleo para la separación, así sin más, ella estaba furiosa en ese momento, me contó que, al instante que el abogado se marcho volteo el departamento de cabeza y después de por lo menos una hora, ya estaba tranquila, sentada sobre la cama con una taza de té.
  Yo me sentía culpable, ya que al pasar dos años estoy organizando la boda de ese infeliz. Obviamente le conté a mi amiga sobre ello y ella en un templado gesto dijo que no importaba, que ya lo había superado y que ahora se encontraba con una pareja que era increíble. Me alegre por ella, pero también me disculpe, en forma de excusa diciendo que era trabajo y que a mi jefe no le importaba si era un desgraciado o el amor de mi vida, que dinero siempre es dinero. Ella me miró detenidamente por un tiempo mientras el silencio se apoderaba en un mutismo casi universal y para otro soltó una carcajada que me dio tranquilidad, no importa, tienes mucha razón, trabajo es trabajo, sólo quiero que la maldita con la que se case sea tan feliz como yo, dijo y las dos reímos.
  Llegó el día de la boda, le hablé a mi amiga para que me acompañare, pensando que vendría más por el morbo de saber quién era la otra mujer, además de que yo no quería estar sola ahí. Ella había aceptado venir, para verle la sonrisa a su antiguo marido al decir las palabras de “si, acepto”. Entró súbitamente acompañada de su nueva pareja, como esperando interrumpir el feliz casamiento, pero su sonrisa se desfiguro cuando me vio ahí, frente al juez, con un vestido blanco y con una sonrisa dibujada en todo el rostro, que bueno que llegaste amiga.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Tronando hojas bajo sus pies...

El viento sopla con una delicada tranquilidad y las hojas, de un color anaranjado truenan bajo los pies a cada paso. Alfombras largas de otoño por las calles que invitan a la realeza, de cualquier tipo de clase social a recorrer paisajes de naturaleza muerta y de arboles desnudos con un tranquilo susurro de acompañante. El sol comienza a ocultarse, el cielo toma tonalidades de amarillas a rojizas en el horizonte y los niños, que juegan en las pilas de hojas recogidas en los parques no preocupan del tiempo, saben que, cuando la luz natural del día termina ellos regresan a su natural estado, como estatuas que adornan la ciudad. Los niños toman posición en las fuentes, varios en algunos monumentos y otros, los más listos se convierten en adultos para continuar con las andadas, tronando las hojas con los pies de una forma diferente, más sensual y acompañados por una persona que los cogen de la mano. El aire es más agitado por la noche, el tiempo parece alcanzar mayor velocidad aunque avance de la misma manera. Las luces artificiales comienzan a encenderse y los adultos que adornaban antes las calles, ahora van teniendo movilidad, como despertando. Por la mañana y por la noche los dueños se rolan su espacio, tronando hojas bajo sus pies.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Lo siento...

El vino sobre la mesa, el reloj a tiempo y sólo faltaba que yo cruzare la puerta para encontrarme con mi esposa, no quería entrar. Al abrir la puerta mi mujer me recibió con un cálido abrazo, no podía existir un acto más hipócrita que ese, me besó la mejilla y dijo que me sentara, que en un momento estaría la deliciosa cena que había preparado. A los quince minutos de espera, las velas se consumían y mi copa estaba medio vacía ya, pasaron veinte y por fin apareció con un jugoso trozo de carne humeante, mi comida preferida. Pensaba que tan grato platillo era sólo para arruinarme aún más la vida, que lo hacía a propósito y que no le molestaba, al contrario, le daba un motivo para echarme en cara todas las faltas, las groserías y todas aquellas amenazas de colgarse en la sala, donde íbamos a cenar en este momento o por lo menos probar bocado para iniciar la cansada conversación de siempre. Cómo estuvo tu día? Pregunto a la vez que tomó asiento, respire hondo antes de responder, pero al verme hacer un gesto para responder prosiguió diciéndome que para qué tomaba aire, que si suspiraba para recordar mi día y poder mentir a gusto, engañándola. Obviamente estaba cansado, por eso el suspiro, y fue lo que le dije a continuación, que había tenido un día pesado y que me preparaba para contárselo todo. Callada, como si esperase que la disculpara por aquel impulso. Escuchaba atenta mientras cortaba la carne, sin comerla. Al terminar mi relato me lleve un pedazo de carne a la boca, movimiento que hizo que ella tomara la palabra de nuevo, no vas a preguntarme cómo me fue? Pregunto y el bocado que tenía comenzaba a estar insípido. Sus labios se movían con intensidad, sabía lo que significaba el abrir y cerrar de su boca, pero ya no la escuchaba, tantas discusiones habían fatigado mi paciencia y ahora la oía sólo por cortesía, aquí venían las advertencias sobre encontrarla colgada un día al regresar del trabajo, el pedazo de carne en mi boca ya sabia desagradable. La observaba tranquilamente, como esperando el termino de sus falsos ultimátum, mis ojos se ennegrecían debido al sueño que  me poseía. Ya estaba por acabar su discurso, era el momento en que las lágrimas empezaban a notarse en sus cristalinos ojos y después de un rato, el llanto lastimoso se apoderaba del silencio, se levantó de la mesa y la silla en la que se encontraba cayó de súbito hacia atrás. Entendía bien lo que tenía que hacer, como antes, me levante de mi asiento y fui a donde estaba ella, le dije que lo sentía, que ya no iba a hacerle daño, que me perdonara. Con mis manos le recorría su enrojecido cuello, le besaba la nuca y peregrinaba mi boca por su espalda, llenándola de besos. Su indiferencia y frialdad me indicaban rechazo a cada caricia, yo estaba triste y ella, ya no lloraba, sólo se mantenía inmóvil. Arrodillándome, la abracé fuertemente de las piernas, ahora era yo quien lloraba y mis lágrimas corrían por sus largas piernas, le pedía perdón mientras besaba sus pies despegados del suelo, oscilantes.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Te amé sin conocerte...

“Te amé sin conocerte,
en las entrañas de mi sueño,
en las locuras del presente…”
  Entre mis lecturas me tope con estas solitarias líneas, significaban mucho para mí y me encarnaban al mismo tiempo que te describían. El polvo viejo, como a los libros, ahora cubría mi descuidado cuerpo después cierto tiempo, la inmovilidad y el silencio mismo ofrendado a nuestra causa ahora se arrumbaba en un librero olvidado, como a los libros. Sólo existen notas en algunos cuantos textos que se refieran a nosotros, unos solos para ti y otros solos para mí. Abandonados al descuido, la poca luz amarillenta ya no nos hace sombra, pero tampoco nos hace legibles. Y ahora, como a los libros, sólo unos cuantos pasan e imaginan por nuestras páginas…

jueves, 25 de noviembre de 2010

A veces desearía que pudieras mentirme...

A veces desearía que pudieras mentirme. Es tarde, el religioso terminaba su último pasaje para concluir la boda, estaba sola, estaba triste. El beso dio por terminado el maravilloso compromiso entre dos personas, la felicidad de mi hermana hacia más bello el altar y yo lo ensombrecía. El arroz no hizo falta al ver pasar corriendo a la feliz pareja, los invitados salían atrás de ellos, esperaba que todos se fueran, no quería que vieran una cara decepcionada en el jolgorio que se aproximaba. Una cálida mano descanso en mi hombro, voltee con una sonría para poder verte, pero eran mis padres que me comentaban lo orgullosos que se sentían, fue difícil soportar la sonrisa, era tan forzada, tan pesada que creí por un momento que me soltaría a llorar en ese momento, estuvo cerca, mis padres había dado media vuelta y se dirigían fantasiosamente tomados de la mano hacia fuera. Sola, ya en el eco del silencio lo vi recargado en la entrada, estaba furiosa, me había olvidado o quizá venia para rescatarme. Me dirigí con paso firme hacia donde se encontraba, no pensaba cruzar palabra con él por un buen rato, pero obstaculizo mi avance, sus brazos me rodeaban y sus labios apenas si rozaban mi oreja al pronunciar unas palabras: “lo siento”. Con mis manos sobre su pecho y la mirada levantada, casi cristalina, estaba dispuesta a perdonarlo. Callé. Una vez más podía ver su pensamiento escrito en toda su frente: “De verdad lo siento, pero no puedo decirte la verdad, me moriría si te perdiese”. Por qué habría pensado algo como eso, yo no esperaba que, al poder leer su pensamiento tendría tantas complicaciones, al principio me presentaba una ventaja sobre el, pero ahora ya no lo quería. Pasa algo cariño? Pregunte sin más, el no respondió, pero su frente y todo su lenguaje corporal me decía otra cosa: “lo siento, te he vuelto a engañar y por eso llegue tarde”. No, todo está bien preciosa, es sólo que estoy algo cansado del trabajo respondió. Con las fuerzas que me quedaban le sonreí, lo abracé y lo besé ligeramente en la mejilla, lo siento, dijo de nuevo.
  Ya en la recepción, mi tristeza había disminuido y el cansancio iba tomando lugar, estábamos los dos sentados en una mesa junto a la de la pareja recién casada, mis padres estaban junto a nosotros y preguntaban cuando nos tocaría el turno de contraer nupcias, él le sonreía a mi madre y comentaba que esperaba fuere pronto, mientras en su frente se dibujaba una frase que me dolía mucho: “no sé cuanto más durará esto señora”, entrelazo su mano con la mía y me beso levemente los labios. Mi agonía estaba bien disfrazada, me levante de la mesa y me disculpe diciendo que tenía que ir al tocador. Lavaba mi rostro, por suerte nunca usaba maquillaje, cuando alcé mi cara para verme en el espejo, mis lagrimas se confundían con el agua que bañaba mi rostro, dos mujeres entraron sin percatarse de mí, yo me encerré en uno de los baños, no quería que me vieran de esa forma, una de las mujeres empezó una conversación un poco indiscreta, le contaba a la otra acerca de sus aventuras sexuales, le confesaba que hoy, antes de la boda, había conocido a un hombre maravilloso que le hizo el amor en una de las capillas de fuera de la iglesia, la otra, que escuchaba atentamente la adulaba y le decía lisonjas con el fin de que siguiera con su relato, yo oía atentamente ya que en una parte del relato note que el hombre del que hablaban eras tú.
  Al regresar a la mesa, después de esa nefasta experiencia pregunte a la vez que me sentaba; una capilla? Disculpa?, respondiste enseguida, pero tu pensamiento se dibujaba de nuevo: “te has enterado?, cómo lo sabes?”. Mi madre intervino preguntando de qué era de lo que hablaba, de nada solté y volví a sonreír.
  La fiesta estaba en un punto climático, entre la bebida y el baile te habías perdido de mi vista, estabas tocándola al son de un danzón, la mirabas a los ojos con un deseo encarnecido, a la misma que había revelado tu pecado mientras se lavaba las manos. No estaba dispuesta a soportarlo ni un minuto más, me levante de la mesa y me encamine hacia donde estabas, me detuve frente a ti, estaba paralizada, no respiraba, no sentía nada, no podía ya nada. En tu frente la frase de “te amo” acababa conmigo y tus ojos cerrados no se percataban.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Siempre igual...

Siempre igual. Cada mañana al despertar iba al tocador y me observaba detenidamente durante media hora delante del espejo, mi esposo aún dormía y yo moriría de vergüenza si supiera de mi manía (lo sé, por qué tener pena con el hombre con el que he pasado los últimos 10 años). Algo siempre estaba diferente cada vez que me paraba frente a ese reflejo ajeno, no era yo, algo diferente me mostraba cada vez. Un día, mirándome como cada mañana, note una arruga bajo mi ojo izquierdo, no me importaba la vejez sino la trasmigración de algo muy dentro de mí a un cuerpo diferente, la posibilidad de cambiar de cuerpo por la noche mientras dormía era aterradora, dónde había quedado mi cuerpo de ayer, y el de hace 13 años?, con el que había enamorado al que hoy es mi marido ya no estaba, se encontraba desaparecido en el tiempo y nunca lo volvería a recuperar. No puedo pensar en un alma, que sea eso lo que permanece intacto, nunca fui creyente de esas cosas.
  Una mañana me di cuenta de algo sumamente espantoso, tenía el cabello cano, había arrugas donde antes no había, mi estatura disminuía paulatinamente con el tiempo y lo peor de todo, es que no seguía siendo yo, no la de antes y si la de siempre. Mi esposo aún dormía y yo seguía con la misma vergüenza de que supiera de mi manía, quién era él? Y quién era yo?...