martes, 2 de noviembre de 2010

Tenían que haber sido años...

Retornar de la ausencia siempre resuelve la mirada de algunos curiosos, no sabes que paso ni cuanto tiempo estuviste en aquel trance. Con la mochila al hombro mis pasos entraron por un enorme arco que conocía desde hacía ya mucho, el mismo queme vio partir, el mismo que me dijo adiós hace tiempo. Me alejé de un pueblo pequeño, por lo cual no hay manera de no saber que es lo que ocurre dentro de este. Recorría las calles en silencio, las miradas de personas del mercado, transeúntes que caminaban por la otra acera murmuraban y señalaban mi andar discretamente, sabían quien era, sabían que había regresado.

  Al llegar a mi antigua casa me sorprendió el polvo acumulado, los libros que había dejado sobre el escritorio seguían apilados en la misma orilla. Abrí una ventana para ventilar la habitación, eché un vistazo fuera, las calles no eran como las recordaba, la gente que volteaba a mi terraza miraba con desconcierto. Cinco años pensé, mi partida había durado por lo menos cinco años. Una piedra golpeome en la cabeza, intente sorprender a el desgraciado que se había atrevido, nada, otra piedra volvió a golpearme y resolví con mayor velocidad, miraba a quien había osado atirnarme en la cabeza, estaba parado, estático como una estatua. Yo rompí el silencio insultandolo, pero aquella figura inmóvil seguía ahí parada, sin nada que se escuchara a su alrededor, volví, pero con un tono más correcto a mencionarle algunas palabras, pregunté el motivo de su acto y esta vez el mutismo incomodo desapareció -un sólo día has pasado afuera, cómo te atreves a volver de esa forma- dijo, no sabía que reparar de su comentario, "un día" vino a mi mente, cómo era posible eso, no podía ser verdad, tenían que haber sido años dije para mi al momento que otra piedra me convirtió de nuevo en ausencia...

 

jueves, 28 de octubre de 2010

martes, 26 de octubre de 2010

El hombre del espejo...

Sentado junto a un hombre con cara de caballo en el parque, me puse a platicar con aquella figura como si fuera un viejo conocido. Pregunte si era posible verse al espejo y no reconecerse, volteo con la mirada perdida, tratando de enfocarme con un solo ojo, a mi me aterraba aquel perfil de color gris claro. Con un tono ofendido me dijo que si me estaba burlando de él, yo respondí apresurandome a evitar algún conflicto que para nada, la pregunta había surgido porque una noche antes, al terminarmi baño nocturno, me había contemplado al espejo, que al estar parado frente a ese reflejo ví que aquel hombre dandome la cara, estaba llorando y no sabía por qué lo hacía, su semblante era triste, como la de quien ha pérdido a un ser querido. El hombre con rostro de caballo asentía conforme yo le iba narrando, parecia estar analisandome con cada palabra que yo expulsaba de mi corazón, así era, si alguien pudiere ver dentro, vería como entre sangre y oxigeno, letras esparcidas iban formandose con cierta congruencia. Cuando estaba por decir algo más, aquellos dientes, enorme y amarillos se mostraron y, junto con la lengua y los labios igual de enormes, articularon un "guarde silencio un momento", comenzaba a ponerme nervioso, su figura ya no me era normal, manos estaban sudando y en mi mente, ya no en mi corazón se formaba una frase que emprendería la acción de salir corriendo. Estaba por levantarme cuando añadio -le has brindado ayuda?-, por un momento vacile, ayudar a quién?, pensé, claro! al hombre del espejo...

lunes, 25 de octubre de 2010

Y si te beso por error...

Y si te beso por error?, si mis labios caen por un descuido sobre los tuyos y cierro los ojos? No soportaría que la indiferencia de tu boca se hiciere notar, que no existiera movimiento alguno haciéndome quedar como un tonto, un gran tonto que ha entregado mucho por nada. Si tu mirada, al igual que tu boca, se mantuviera fría frente a mis ojos abiertos y a 10 centímetros de ti moriría, convirtiéndome en más que un tonto. El silencio de tu persona me haría caer desplomado a tus pies que darían media vuelta y me dejarían en un sollozo agónico.

  Así que no te besaría por error, sería una injuria de mi parte...

domingo, 24 de octubre de 2010

El buzón de los desesperados...

Apurado me levantaba todos los lunes por la mañana, tomaba una hoja de papel y una pluma de punto fino. La luz de la lampara sustituía momentaneamente a la del sol, el ruido del refrigerador no me dejaba concentrar y mi gato Apolo se acariciaba contra mis piernas. Lineas con contenidos triviales comenzaban a ganar lugar sobre el vacío blanco:

  "Estimado y querido a quien corresponda:
    
      Con ésta, ya son 50 cartas que te hago llegar, que no será la ultima y que eres por lo único que me mantengo con vida, las 8 horas de trabajo pasan rápido, las citas con las mujeres que me has recomendado acaban como me gusta que acaben, sin tocar mi soledad, conservando intacta. Debo agradecerte por todo consejo que me das, ayer por fin pude quitar la horca que había hecho para el cuarto de baño, la humedad la conservaba en excelentes ocasiones, todas las mañanas mientras tomaba un baño la veía, me invitaba a terminar con todo, yo le lloraba y pasaba agazapado unas cuantas horas bajo el agua. Ahora sólo queda quitar la de la recámara y la del balcón, supongo que la próxima será la segunda, ya que nunca me ha gustado ser tan público, prefiero la privacidad de la recámara. Mejor no hablemos de ello, ahora son las 4:38 de la madrugada, oh!, ahora son las 4:39 y sólo restan 2:21 horas para que abran el buzón del parque, nunca entendí por qué había un buzón en medio de un lugar así, tan alejado de la ciudad, tan solitario y escondido entre unos cuantos árboles y me gustaría saberlo, por qué? Esta bien si no me respondes, aún así me haces un gran favor al escucharme, sé que hay más personas que como yo entrega su carta cada lunes en la mañana acudiendo a ti, debo decir que he tenido que hacer fila para dejarla y lamento que la mía, posiblemente tenga la letra más fea, pero confío en que se entienda.

      Siguiendo la misma estructura que las cartas anteriores, en este apartado te expongo los motivos por los cuales podría quitarme la vida esta semana: el cuervo que no me deja dormir por las noches, mi psicólogo dice que lo estoy imaginando, pero el ruido y su aspecto de demonio es demasiado real. La enfermedad de mi querido Apolo, el veterinario le ha diagnosticado cáncer en el estomago, yo lo he visto más flaco en estos días, ya no quiere comer y pasa noches sin dormir, lo cual lo ha hecho más agresivo, hay veces en que no me reconoce. Mi madre esta muerta, mi hija me odia y mi ex esposa ha metido otra demanda. El trabajo, me han disminuido el sueldo y aún tengo muchas deudas.

      Gracias por recibir mis palabras, de verdad gracias, espero poder escribir una carta más, sé que así será. Sin más que decir, me despido, que tenga una linda semana.

Atte. Claudio S."

  Dieron las 6:48, la mire con esperanza, confiaba en que esta vez me respondiera. Reí para mis adentros, una sonrisa se notaba en mis labios, aún pensaba en que mi letra era muy fea. Mi gato estaba dormido sobre la cama aún tendida, abrí la alacena para tomar su comida y dejarle que comer en mi ausencia.

  Caminaba en medio de la soledad, ni un alma a la vista. El buzón estaba ahí como siempre, esperándome. Me paré frente a él y al deslizar el sobre sentí un gran alivio, una semana más, pensé, todo iría bien. Iba de regreso a mi apartamento, cuando volví la vista hacía el buzón, noté que un hombre recogía el correo, dudas me recorrían, quién era aquel hombre?, de dónde apareció?, quizá dejaría una respuesta a alguna de mis cartas. Corría apuradamente para alcanzarlo, tenía la vista fija en aquella figura que recogía la correspondencia. Hubo un momento de obscuridad y de repente tenía la mirada en el cielo, no me movía, quería pedir ayuda, pero repare en que no podía hablar, ya no podía nada, había muerto, un auto me lanzó 4 metros de donde me golpeo, mi cuello recibió la caída y había muerto al instante.

  A la semana supe del buzón de los desesperados, así se llamaba el lugar en donde llegaban las cartas, no era el cielo, sólo un lugar fuera del tiempo, que las respuestas de las cartas llegaban en forma de acciones y que mi muerte había sido respuesta de mi última carta, la del mismo lunes en que morí. Ahora la pregunta que rondaba en mi cabeza era si yo había firmado mi propia sentencia de muerte o si debía agradecer en mi próxima carta...

sábado, 23 de octubre de 2010

Sí, esto es para ti...

Sí, esto es para ti. Unas cuantas lineas para decirte que ya me he hartado un poco de ti, para recordarte que mi paciencia se agota día a día, que ya no haces lo que antes y que vas regando un poco de decepción. Sí, esto es para ti, escritor de esto...